Cómo Cristina Schwalb consiguió su primer cliente con Bumix

Antropóloga peruana, sin experiencia empresarial y recién mamá: cómo Cristina Schwalb validó su idea, consiguió 130 clientes y vendió 200 kits de STEM para niños.

Le daba vergüenza vender.

No es una figura retórica. Cristina Schwalb lo dice directo: la incomodidad de contactar a un desconocido para ofrecerle algo le generaba ansiedad. Era antropóloga empresarial, tenía años estudiando comportamientos humanos, y aun así —o quizás por eso— el momento de salir a buscar clientes la ponía nerviosa. Mandaba mensajes. Pocos respondían. Mandaba encuestas. Pocas las completaban.

Ese detalle importa porque Cristina tiene alrededor de 200 kits de STEM vendidos, más de 130 clientes únicos y un primer cliente que llegó solo — sin que nadie lo contactara.

Tres mujeres, una idea familiar y cero experiencia empresarial

En marzo de 2025, Cristina, su mamá y su hermana decidieron emprender juntas desde Perú. La idea nació de un talento que ya existía: la mamá de Cristina es educadora con más de 30 años de experiencia, profesora de ciencias y artes en nivel inicial, escritora de cuentos infantiles con cinco libros publicados. Ese expertise nunca había tenido un vehículo de escala.

El problema que identificaron era concreto: en Perú no existían materiales de STEM para primera infancia —niños menores de ocho años— con narrativa docente, curaduría de actividades y acompañamiento pedagógico. Los recursos disponibles eran para niños mayores. Y los padres que querían algo diferente lo buscaban de forma activa: en comentarios de YouTube preguntaban cómo hacerlo, en grupos de padres pedían recomendaciones, en foros buscaban alternativas. La demanda existía. Nadie la estaba atendiendo.

El punto de partida de las tres fundadoras era el mismo: ninguna había hecho un negocio formal antes. La experiencia empresarial previa era vender brownies de niñas y los aretes de manualidades que hacía la mamá entre amigas. Cero conocimiento de empresa, legal, marketing, ventas.

La primera decisión: hablar antes de construir

Antes de armar ningún producto, Cristina buscó estructura. Encontró Novolabs en esa búsqueda y llegó al programa en marzo de 2025 con una certeza: quería hacerlo bien desde el principio. No improvisar.

Lo que encontró fue un cambio de mentalidad que no anticipaba. El más importante, según sus propias palabras, fue el Mom Test —un método para hacer entrevistas de validación sin contaminar las respuestas con la propia idea.

"Algo que me cambió la mentalidad totalmente fue el Mom Test. Me lo leí completo y fue la base para hacer mi investigación."

El principio es simple pero contraintuitivo: no preguntar a la gente si le gustaría tu producto. Preguntar qué hace cuando tiene el problema que querés resolver. Cómo busca soluciones. Con qué frecuencia lo vive. Qué le frustra.

Cristina salió a hacer esas entrevistas. Le costaba. El porcentaje de respuesta era bajo. Había momentos de frustración cuando mandaba veinte mensajes y respondían dos. Pero en el programa le habían dicho algo que se le quedó: esos dos síes pesan más que los noventa noes, porque son los que te ayudan a construir.

Y en esas conversaciones descubrió algo que no esperaba. Bumix no era "un kit para el niño". Era un momento de conexión para toda la familia. Padres, abuelos, tíos, hermanos mayores buscaban hacer algo juntos con los chicos —algo que los uniera de verdad, no solo poner al niño con una pantalla. La propuesta de valor no era educativa: era vincular.

El primer cliente que nadie contactó

Para conseguir las primeras reseñas orgánicas, Cristina y su equipo usaron una estrategia simple: regalar kits a influencers. Si a ellos les gustaba la experiencia, la compartían con su audiencia.

Uno de esos kits llegó a un perfil de alguien que lo mostró en sus redes. Un padre que no conocía a Bumix lo vio. Le interesó. Lo buscó. Y compró.

"No le escribimos a él, simplemente llegó, y ha creado como estoy destacado en su perfil de Bumix, ya que me encanta de manera orgánica."

Ese hombre se convirtió en el primer cliente pago de Bumix. Nadie lo había prospectado. Nadie lo había contactado. Llegó porque el producto resolvía algo que él estaba buscando. Y hoy sigue siendo el promotor más activo de la marca: le dice a Cristina que sus hijos le preguntan cuándo hacen Bumix de nuevo.

De entrevista a cliente: más del 50% convirtió

Las 15 entrevistas de validación que hizo Cristina no fueron solo investigación. Resultaron ser la primera conversación de ventas que tuvo con su mercado, aunque en ese momento no las llamara así.

De esas 15 personas, entre 8 y 9 se convirtieron en clientes de Bumix. Más del 50% de conversión, no porque Cristina les hubiera vendido algo durante la entrevista, sino porque cuando llegó el momento de mostrarles la solución, la conexión ya estaba hecha. Les había escuchado de verdad. Sabía lo que les importaba. Y la propuesta encajó.

Hoy Bumix lleva alrededor de 200 kits vendidos y más de 130 clientes únicos. El modelo es de compra individual —Cristina aprendió durante la validación que el mercado peruano es más reacio a los compromisos de suscripción con marcas nuevas— con un club de referidos que incentiva la recompra y el boca a boca.

En enero de 2026, ocho meses después del lanzamiento, se constituyeron formalmente como empresa. Y al momento de la entrevista en el podcast, estaban cerca del punto de equilibrio financiero —incluyendo la inversión del programa.

Todo eso sucedió mientras Cristina mantenía su trabajo como profesional, criaba a su bebé reciente y dividía su atención entre la empresa, la familia y su vida personal.

"Si algo he aprendido es poder dedicarle al 100 en la actividad en la que estoy en este momento. Si estoy en modo mamá, estoy al 100."

Lo que Cristina aprendió sobre la idea y la ejecución

Cerca del final del episodio del podcast, Tomás le preguntó cuánto porcentaje de lo logrado era la idea original y cuánto era la ejecución. La respuesta no tuvo vacilación:

"La idea solamente yo diría que es el 10%, porque si no sabes cómo ejecutarla te quedas en nada."

No lo dijo como una frase inspiracional. Lo dijo como alguien que había vivido los meses de frustración: buscar entrevistas y no obtener respuesta, mandar mensajes y recibir silencio, tener que sostener la convicción en el proceso cuando los números todavía no llegaban. Y que aun así siguió, porque el método le indicaba que siguiera.

El aprendizaje de Bumix no es que la idea de STEM para primera infancia era buena. Es que validarla antes de construir —hablar con clientes reales, escuchar lo que decían, adaptar la propuesta de valor cuando los datos así lo pedían— fue lo que convirtió una idea familiar en un negocio con tracción real.

La idea era el punto de partida. Lo que vino después fue el trabajo.

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Sobre Cristina Schwalb

Cristina Schwalb es antropóloga empresarial y cofundadora de [Bumix](https://bumix.pe), una startup peruana de kits de STEM para la primera infancia. Junto a su mamá —educadora con más de 30 años de experiencia— y su hermana, diseñó una línea de experiencias educativas que combinan ciencia, narrativa y conexión familiar para niños de primera infancia. Operan principalmente en Perú, con planes de expansión digital a toda Latinoamérica.

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